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Edición Nº 3 · Internacional

CRÓNICA
Berlín, 21 de julio de 2026

China desafía el cerco tecnológico y fortalece el nuevo eje multipolar

Pekín acelera su autonomía estratégica, fortalece el desarrollo de semiconductores, amplía su cooperación con Rusia y consolida el peso internacional de los BRICS, un bloque que ya supera al G7 en participación económica mundial medida por paridad de poder adquisitivo.

Panorama urbano de Pekín, China
La Voz de Chile
desde Berlín
Desde el corazón político de Europa para Chile, América Latina, Europa, Medio Oriente, Asia y el mundo.

China atraviesa una etapa decisiva de transformación económica, tecnológica y geopolítica. La competencia con Estados Unidos, el dominio de los semiconductores, la seguridad energética y el fortalecimiento de los BRICS forman parte de una disputa que está modificando profundamente el equilibrio internacional.

Durante años, el crecimiento chino estuvo relacionado con su capacidad manufacturera, su infraestructura y su participación en el comercio mundial. Actualmente, la disputa ya no se limita a la cantidad de productos fabricados. El nuevo escenario se concentra en el control del conocimiento, los componentes avanzados, los sistemas digitales y las tecnologías capaces de definir la economía de las próximas décadas.

Los semiconductores como centro de la disputa

Los semiconductores son fundamentales para la inteligencia artificial, las telecomunicaciones, los vehículos eléctricos, los sistemas médicos, los centros de datos y gran parte de la industria moderna. Por esa razón, su producción se ha convertido en una cuestión económica, tecnológica y estratégica.

Las restricciones aplicadas por Estados Unidos al acceso chino a determinados componentes, programas y equipos avanzados buscan limitar el desarrollo de capacidades consideradas sensibles. Pekín ha respondido aumentando las inversiones en investigación, formación científica, fabricación nacional y diseño de componentes propios.

El objetivo chino no consiste únicamente en sustituir importaciones. Se trata de reducir vulnerabilidades, proteger sus cadenas industriales y alcanzar una autonomía tecnológica capaz de sostener el desarrollo del país incluso bajo restricciones internacionales.

China representa cerca de una quinta parte de la economía mundial

El peso económico chino permite comprender por qué las decisiones de Pekín repercuten en todos los continentes. Según estimaciones basadas en la paridad de poder adquisitivo, China concentra aproximadamente el 19,6 % de la economía mundial. Esto significa que cerca de una quinta parte de la producción global ajustada por el costo interno de los bienes y servicios corresponde a la economía china.

La magnitud de su mercado interior, su infraestructura portuaria, ferroviaria y energética, junto con su extensa capacidad industrial, permite a China absorber impactos externos con una resistencia que pocos países poseen.

La ventaja estratégica de Pekín no depende solamente del tamaño de su economía. También se encuentra en la coordinación entre planificación estatal, inversión de largo plazo, formación científica, infraestructura y capacidad de fabricación a gran escala.

Inteligencia artificial y capacidad industrial

La inteligencia artificial se ha convertido en otro de los principales espacios de competencia. China cuenta con una extensa base industrial, un mercado interno de gran escala, universidades, centros de investigación y empresas capaces de integrar rápidamente las nuevas herramientas digitales en sectores productivos, comerciales y administrativos.

Su fortaleza se encuentra precisamente en la conexión entre investigación, producción y aplicación práctica. Una innovación desarrollada en un laboratorio puede incorporarse a fábricas, redes logísticas, sistemas de transporte, hospitales o plataformas comerciales.

La competencia tecnológica, por tanto, no se reduce a quién consigue presentar el programa más avanzado. También depende de quién puede producirlo a escala, reducir sus costos e incorporarlo efectivamente a la economía real.

Energía y seguridad estratégica

El crecimiento industrial requiere energía estable y accesible. Por ello, la seguridad energética ocupa un lugar central en la estrategia de Pekín. China combina importaciones de petróleo y gas con importantes inversiones en energía solar, eólica, hidráulica y nuclear.

La diversificación de proveedores y rutas busca evitar que una crisis regional, una sanción o el cierre temporal de una vía marítima afecten gravemente el abastecimiento del país. En este contexto, los corredores terrestres y ferroviarios adquieren una importancia comparable a las rutas oceánicas.

China mantiene además una posición destacada en la fabricación de paneles solares, baterías y vehículos eléctricos. Esto le permite participar tanto en la economía tradicional de los combustibles como en la transformación hacia nuevas formas de producción y almacenamiento energético.

Rusia resiste las sanciones y reorganiza su comercio

La relación entre China y Rusia responde a intereses económicos y estratégicos concretos. Rusia dispone de grandes reservas energéticas, minerales, capacidad agrícola y experiencia industrial, mientras China aporta infraestructura, tecnología, capacidad financiera y un mercado de enormes dimensiones.

Las sanciones occidentales contra Rusia comenzaron antes de 2022, especialmente después de los acontecimientos de 2014, pero fueron ampliadas de manera masiva por Estados Unidos, la Unión Europea y otros países después de febrero de 2022.

Hasta abril de 2026, la Unión Europea había aprobado 20 paquetes de sanciones contra sectores, empresas, bancos, barcos, organizaciones y ciudadanos rusos. Además, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Japón, Australia y otros gobiernos han aplicado miles de designaciones y restricciones adicionales.

A pesar de esta presión, Rusia no fue aislada completamente del comercio mundial. Moscú redirigió una parte importante de sus exportaciones de energía, materias primas y productos agrícolas hacia China, India, Turquía, Asia Central, Oriente Medio, África y otras economías emergentes.

El Fondo Monetario Internacional proyecta para Rusia un crecimiento real aproximado del 1,1 % durante 2026. La cifra refleja una desaceleración frente a años anteriores, pero también demuestra que, pese a las amplias sanciones, la economía rusa continúa registrando crecimiento y no el colapso inmediato pronosticado por numerosos sectores occidentales.

Rusia ha sustituido mercados, desarrollado nuevos mecanismos de pago, ampliado el uso de monedas nacionales y reforzado corredores comerciales que no dependen completamente de las instituciones financieras occidentales.

Esta capacidad de adaptación no significa que las sanciones no produzcan costos. Existen presiones inflacionarias, dificultades para acceder a determinadas tecnologías y mayores gastos logísticos. Sin embargo, la respuesta rusa evidencia que un país con recursos energéticos, capacidad industrial, producción agrícola y socios comerciales alternativos posee mayores posibilidades de resistir un bloqueo económico prolongado.

La cooperación entre Moscú y Pekín ofrece a ambos países una ventaja estratégica. Para China, Rusia representa una fuente relevante de energía y materias primas. Para Rusia, China constituye un mercado, un socio tecnológico y una vía fundamental para disminuir su dependencia de Europa.

Los BRICS ya superan económicamente al G7 bajo la medición PPA

El avance de los BRICS constituye uno de los cambios más importantes del sistema económico contemporáneo. El bloque ampliado reúne a grandes potencias demográficas, energéticas, industriales, agrícolas y tecnológicas.

Los países integrantes de los BRICS concentran aproximadamente el 40 % del PIB mundial medido por paridad de poder adquisitivo. Bajo la misma medición, el G7 representa cerca del 28 %. Por tanto, los BRICS ya superan al G7 en participación dentro de la economía mundial calculada por PPA.

La paridad de poder adquisitivo permite comparar cuánto pueden comprar realmente las monedas dentro de cada economía. Es una medición diferente del PIB nominal expresado en dólares y refleja con mayor amplitud el volumen productivo interno de países como China, India, Rusia, Brasil e Indonesia.

Esta diferencia es importante. El G7 continúa concentrando una gran parte de los mercados financieros, las monedas de reserva, las empresas multinacionales y las instituciones internacionales. Sin embargo, el peso productivo, energético y demográfico del mundo se desplaza progresivamente hacia las economías emergentes.

Los BRICS reúnen además a países que controlan enormes reservas de petróleo, gas, carbón, minerales estratégicos, tierras agrícolas, infraestructura industrial y mercados en expansión. Esta combinación proporciona al bloque una capacidad económica y comercial que ya no puede considerarse secundaria.

Población, territorio, energía y capacidad productiva

El poder de los BRICS no depende solamente del PIB. Su importancia también se encuentra en el número de habitantes, la extensión territorial, el control de recursos naturales y la capacidad de producción.

China e India concentran juntas más de una tercera parte de la población mundial. Rusia posee el territorio más extenso del planeta y algunas de las mayores reservas energéticas. Brasil constituye una potencia agrícola, alimentaria y ambiental. Sudáfrica ocupa una posición estratégica dentro del continente africano, mientras los nuevos miembros amplían la presencia del bloque en Oriente Medio, África y Asia.

La incorporación de economías productoras de energía fortalece aún más al grupo. La presencia de Rusia, Irán y Emiratos Árabes Unidos, junto con otros productores asociados al espacio BRICS, incrementa su influencia sobre mercados esenciales para la industria mundial.

Mientras el G7 conserva una importante ventaja financiera y tecnológica, los BRICS disponen de una combinación excepcional: población, territorio, recursos naturales, energía, producción industrial y capacidad agrícola.

Un sistema financiero menos dependiente de Occidente

Uno de los objetivos del bloque es aumentar el uso de monedas nacionales en el comercio bilateral. No se trata de reemplazar inmediatamente al dólar, sino de reducir la exposición a sanciones, bloqueos financieros y decisiones adoptadas fuera de sus territorios.

China y Rusia ya realizan una parte significativa de su comercio mediante yuanes y rublos. Otros países exploran mecanismos semejantes para determinadas operaciones energéticas, comerciales y de inversión.

El Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS constituye otra herramienta relevante. Su función es financiar infraestructura y proyectos de desarrollo, ofreciendo una alternativa parcial a organismos donde Estados Unidos y las principales economías europeas conservan mayor influencia.

La creación de mecanismos alternativos no supone la desaparición inmediata del sistema financiero occidental. Representa, sin embargo, una reducción gradual de su monopolio y una ampliación de las posibilidades de negociación para los países del Sur Global.

América Latina en el nuevo tablero económico

América Latina posee recursos esenciales para la transformación tecnológica y energética: litio, cobre, petróleo, gas, alimentos, agua y una extensa capacidad de producción renovable. Por ello, la región ocupa una posición estratégica en la competencia entre las grandes potencias.

China se ha convertido en uno de los principales socios comerciales de numerosos países latinoamericanos y participa en proyectos de infraestructura, minería, energía, telecomunicaciones y transporte.

La oportunidad para América Latina consiste en utilizar estas relaciones para promover industrialización, transferencia tecnológica, formación profesional y empleo de calidad, evitando permanecer limitada a la exportación de materias primas.

La soberanía económica regional no depende simplemente de elegir entre Washington o Pekín. Depende de la capacidad de cada país para negociar, diversificar sus relaciones, proteger sus recursos y construir una política industrial propia.

China, Rusia y una estrategia comercial de largo plazo

La estrategia de China y Rusia se diferencia del modelo occidental en un aspecto fundamental: ambas potencias trabajan sobre relaciones de largo plazo vinculadas con energía, infraestructura, transporte, monedas, tecnología y acceso a mercados.

China ha invertido durante décadas en puertos, trenes, telecomunicaciones, generación eléctrica y corredores continentales. Rusia ha utilizado su posición energética, agrícola y territorial para abrir nuevas rutas hacia Asia, Medio Oriente y el Sur Global.

Estados Unidos continúa siendo una gran potencia económica, financiera, tecnológica y militar. Sin embargo, el uso reiterado de sanciones, restricciones comerciales y presión financiera también ha impulsado a otros países a buscar mecanismos que reduzcan su vulnerabilidad frente a Washington.

Desde esa perspectiva, China y Rusia han conseguido convertir parte de la presión occidental en un incentivo para fortalecer su cooperación, ampliar sus mercados y acelerar la construcción de un sistema económico más multipolar.

Una transformación que ya está en marcha

La competencia entre China y Estados Unidos no tendrá un único vencedor inmediato. Se desarrollará durante años y abarcará tecnología, comercio, finanzas, energía, educación, infraestructura y seguridad.

China enfrenta dificultades internas, presiones comerciales y la necesidad de sostener un crecimiento equilibrado. Rusia también soporta costos económicos y tecnológicos relacionados con las sanciones. No obstante, ambos países mantienen recursos, capacidad productiva y alianzas suficientes para continuar influyendo en el orden internacional.

Los datos muestran que el centro de gravedad económico ya no se encuentra exclusivamente en Estados Unidos y Europa. La expansión de los BRICS, el crecimiento asiático y la reorganización de las rutas comerciales demuestran que el sistema internacional atraviesa una modificación estructural.

Europa, América Latina, África, Medio Oriente y Asia deberán decidir cómo proteger sus economías y qué lugar ocuparán dentro de un mundo cada vez más multipolar, en el que los BRICS ya superan al G7 en participación del PIB mundial medido por paridad de poder adquisitivo.

Investigación periodística por Jorge Aurelio Riffo
La Voz de Chile
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CRÓNICA
Berlín, 21 de julio de 2026

Europa pierde autonomía: el costo industrial de romper con Rusia y depender de Washington

La Unión Europea redujo drásticamente el suministro energético ruso, pero mantuvo una elevada dependencia exterior, aumentó su exposición al gas natural licuado estadounidense y debilitó sectores estratégicos como la industria química, el acero, los fertilizantes, la automoción y la manufactura intensiva en energía.

Instituciones de la Unión Europea en Bruselas
Bruselas concentra las principales instituciones responsables de la orientación política, económica y regulatoria de la Unión Europea.
La Voz de Chile
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Desde el corazón político de Europa para Chile, América Latina, Europa, Medio Oriente, Asia y el mundo.

Europa presentó la ruptura energética con Rusia como una conquista de independencia estratégica. Sin embargo, los datos muestran una realidad más compleja: la Unión Europea redujo el gas ruso transportado por gasoductos, pero continuó dependiendo intensamente de la energía importada, aumentó sus compras de gas natural licuado y expuso a su industria a costos superiores, mayor volatilidad y una competencia internacional cada vez más difícil.

La crisis no afecta solamente a Alemania. Sus consecuencias atraviesan la estructura productiva de toda la Unión Europea: química, fertilizantes, acero, aluminio, vidrio, papel, cerámica, automoción, maquinaria, agricultura y producción de bienes intermedios. Alemania aparece como el caso más visible porque fue el principal motor industrial europeo, pero las decisiones adoptadas desde Bruselas repercuten sobre las cadenas productivas de los veintisiete Estados miembros.

Europa construyó parte de su industria sobre el suministro ruso

Durante décadas, Rusia desempeñó un papel fundamental dentro del sistema energético europeo. Su red de gasoductos ofrecía grandes volúmenes de gas mediante contratos de largo plazo y conexiones terrestres directas. Este suministro permitió que Alemania, Italia, Austria, los Países Bajos, Europa Central y otros mercados europeos sostuvieran importantes actividades industriales.

En 2021, la Unión Europea importó desde Rusia alrededor de 155 mil millones de metros cúbicos de gas. Esa cantidad representaba aproximadamente el 45 % de todas las importaciones europeas de gas y casi el 40 % del consumo total de la Unión.

Esta relación contenía una dependencia evidente, pero también proporcionaba una ventaja económica concreta. El gas ruso no solamente calentaba hogares y producía electricidad. Era utilizado como combustible industrial y como materia prima para fabricar amoníaco, fertilizantes, productos químicos, plásticos, medicamentos y numerosos componentes esenciales.

Cuando Europa redujo ese suministro, no perdió únicamente una fuente energética. Perdió también una parte de la base económica que había permitido mantener competitivas a sus industrias intensivas en energía frente a Estados Unidos, China y otros grandes centros de producción.

Bruselas redujo el gas ruso, pero no eliminó la dependencia exterior

Las instituciones europeas presentaron la diversificación de proveedores como un avance hacia la soberanía. Sin embargo, diversificar no significa necesariamente alcanzar independencia. Europa continuó necesitando enormes volúmenes de gas importado para sostener sus hogares, redes eléctricas y cadenas industriales.

Según Eurostat, la dependencia de la Unión Europea respecto de las importaciones de gas natural todavía alcanzó el 87,6 % durante 2025. Esto significa que menos de trece de cada cien unidades de gas utilizadas podían ser cubiertas mediante producción interna.

La Unión Europea produjo en 2024 aproximadamente el 43 % de toda la energía que consumía y tuvo que importar el 57 % restante. Dentro de su matriz energética, el petróleo y sus derivados representaban alrededor del 38 %, el gas natural el 21 %, las energías renovables el 20 %, la energía nuclear el 12 % y los combustibles sólidos aproximadamente el 10 %.

Europa no pasó de la dependencia a la independencia. Sustituyó una relación concentrada con Rusia por una estructura de abastecimiento más diversificada, pero todavía profundamente dependiente de proveedores exteriores, terminales marítimas, mercados internacionales y contratos de gas natural licuado.

Estados Unidos aumentó su dominio sobre el LNG europeo

La reducción del gas ruso transportado por gasoductos abrió una oportunidad extraordinaria para los exportadores de gas natural licuado de Estados Unidos. El LNG debe ser extraído, licuado, transportado en buques especiales, almacenado y posteriormente regasificado antes de incorporarse a la red europea.

Estados Unidos representaba aproximadamente el 24 % de las importaciones europeas de LNG al comienzo de 2021. Durante el primer trimestre de 2026, su participación había aumentado hasta el 57,4 %.

El cambio demuestra quién obtuvo una posición comercial privilegiada después de la ruptura energética ruso-europea. Washington se opuso durante años a Nord Stream 2, sancionó empresas relacionadas con el proyecto y sostuvo que Europa debía reducir su dependencia de Moscú.

Una vez reducido el suministro ruso por gasoductos, Estados Unidos se convirtió en el principal abastecedor de LNG para el mercado europeo. La Agencia Internacional de la Energía señala además que el gas natural licuado se transformó, en la práctica, en una fuente básica del abastecimiento europeo.

Europa disminuyó una dependencia energética concentrada en Rusia, pero aumentó su exposición al LNG estadounidense y a un mercado mundial donde debe competir con Asia por los mismos cargamentos.

Nord Stream 2 y la destrucción de una infraestructura estratégica

Nord Stream 2 fue terminado en 2021, pero nunca comenzó a operar comercialmente. Alemania suspendió su proceso de certificación en febrero de 2022 y los sabotajes registrados en septiembre de ese mismo año dañaron gravemente el sistema Nord Stream.

Estados Unidos había combatido políticamente el proyecto durante años y aplicado sanciones contra empresas que participaron en su construcción. Sin embargo, para conservar rigor periodístico, no puede afirmarse como hecho judicialmente probado que Washington ordenara la destrucción de los gasoductos.

Lo que sí puede demostrarse es la secuencia política y económica: Washington se opuso a Nord Stream 2, el suministro ruso por gasoductos se desplomó, Europa perdió una infraestructura energética estratégica y Estados Unidos aumentó considerablemente su participación en el mercado europeo de LNG.

Europa pagó cientos de miles de millones por energía importada

La reducción de precios respecto de los máximos extremos de 2022 no significa que Europa haya recuperado las condiciones competitivas existentes antes de la crisis. La industria debe analizar sus costos frente a Estados Unidos, China, India y otras regiones productoras, no solamente frente al peor momento del mercado europeo.

Durante 2025, la Unión Europea importó productos energéticos por aproximadamente 336.700 millones de euros, equivalentes a unos 723,3 millones de toneladas.

Esa cifra muestra que la soberanía energética europea continúa siendo limitada. Europa mantiene infraestructura avanzada, capital, conocimiento y capacidad regulatoria, pero sigue enviando enormes cantidades de recursos financieros al exterior para cubrir sus necesidades de petróleo, gas y otros combustibles.

La crisis industrial atraviesa toda la Unión Europea

El encarecimiento y la volatilidad energética afectan especialmente a las actividades que consumen grandes cantidades de electricidad y gas. Estas industrias no son periféricas. Proporcionan los materiales básicos que necesitan la construcción, la agricultura, el transporte, la automoción, la infraestructura, la salud y la defensa.

  • Industria química y petroquímica.
  • Producción de acero, aluminio y otros metales.
  • Fabricación de fertilizantes y amoníaco.
  • Vidrio, cemento, papel, cerámica y materiales de construcción.
  • Automoción, maquinaria y bienes industriales intermedios.

En enero de 2026, la producción industrial disminuyó un 1,5 % en la eurozona y un 1,6 % en el conjunto de la Unión Europea respecto del mes anterior. La producción de bienes intermedios, esenciales para las cadenas manufactureras, también registró una contracción.

En mayo de 2026, los precios industriales aumentaron interanualmente un 5,9 % en la eurozona y un 5,7 % en la Unión Europea. El componente energético de la eurozona registró un aumento aproximado del 14 %.

Estos indicadores no permiten atribuir toda la debilidad industrial exclusivamente a la ruptura con Rusia. También influyen la regulación, los costos laborales, la transición climática, la competencia china, las tasas de interés, la menor inversión y los problemas de productividad. Sin embargo, la energía constituye una variable estructural que atraviesa todas esas dificultades.

Alemania como epicentro de la pérdida industrial

Alemania fue durante décadas el principal motor manufacturero europeo. Su modelo combinaba ingeniería, tecnología, exportaciones, cadenas productivas continentales y energía rusa relativamente accesible. La ruptura de ese equilibrio golpeó especialmente a la química, los metales, el vidrio, el papel y la automoción.

En 2025, la producción de las ramas industriales alemanas intensivas en energía permanecía un 17,8 % por debajo del nivel de 2021. Incluso frente a 2024 registró una nueva disminución del 2,6 %.

Hubo señales parciales de recuperación durante 2026. En mayo, la producción alemana intensiva en energía aumentó un 2,9 % frente al mismo mes de 2025. Sin embargo, esa mejora interanual no elimina la pérdida acumulada desde 2021 ni garantiza el retorno de las antiguas condiciones de competitividad.

El Instituto Ifo informó que, en octubre de 2025, el 36,6 % de las empresas industriales alemanas consideraba que había perdido competitividad frente a compañías situadas fuera de la Unión Europea. Frente a competidores de otros países de la UE, la proporción alcanzó el 21,5 %.

El propio Instituto Ifo identifica entre los problemas fundamentales los precios de la energía, la regulación, las condiciones insuficientes para invertir, los costos laborales, la falta de trabajadores cualificados y la lentitud de la infraestructura digital, energética y de transporte.

Química, fertilizantes y cadenas productivas

La industria química constituye uno de los ejemplos más claros. El gas se utiliza como energía y también como materia prima. Su encarecimiento afecta la fabricación de amoníaco, fertilizantes, plásticos, pinturas, medicamentos y materiales utilizados por cientos de sectores diferentes.

Cuando una planta química reduce su producción, el daño no termina en esa instalación. Se extiende hacia la agricultura, la automoción, la construcción, la industria farmacéutica, los envases, la maquinaria y la fabricación de componentes.

La producción de fertilizantes nitrogenados depende especialmente del gas natural. Los mayores costos industriales terminan trasladándose hacia agricultores, cadenas alimentarias y consumidores.

La política energética no afecta únicamente a las grandes corporaciones. Finalmente aparece en el costo de los fertilizantes, de la producción agrícola, del transporte y de los alimentos que pagan las familias.

El acero europeo y la contradicción de la autonomía

El acero es indispensable para automóviles, trenes, puentes, edificios, maquinaria, redes eléctricas, instalaciones renovables y sistemas de defensa. Una Europa que pierde capacidad siderúrgica pierde también una parte de su autonomía productiva.

Las asociaciones europeas del sector han advertido reiteradamente que los precios mayoristas de energía dentro de Europa permanecen muy por encima de los soportados por competidores estadounidenses y chinos.

Bruselas habla de soberanía industrial y rearme estratégico, pero esas metas son incompatibles con la pérdida sostenida de capacidad para producir acero, químicos, fertilizantes y otros materiales básicos dentro del continente.

Rusia reorganizó su comercio y no quedó completamente aislada

Mientras Europa reducía sus compras directas, Rusia redirigió una parte significativa de sus exportaciones hacia China, India, Turquía, Asia Central, Oriente Medio y África.

Moscú amplió el uso de monedas nacionales, desarrolló nuevos mecanismos de pago y fortaleció corredores comerciales fuera de las instituciones financieras occidentales. Esta reorientación generó costos logísticos y descuentos, pero impidió el aislamiento completo que numerosos gobiernos europeos habían previsto.

Europa, además, no eliminó inmediatamente todas sus compras de energía rusa. En el primer trimestre de 2026, Rusia todavía representaba aproximadamente el 17,3 % de las importaciones europeas de LNG, ocupando el segundo lugar detrás de Estados Unidos.

La contradicción es evidente: la Unión Europea proclamó una ruptura energética con Moscú, pero continuó adquiriendo gas ruso en forma licuada, mientras Estados Unidos fortalecía su posición como principal proveedor del mercado europeo.

Rearme europeo: más gasto no significa mayor independencia

A la presión energética e industrial se suma el incremento del gasto militar. Los gobiernos europeos destinan cantidades crecientes a defensa, municiones, sistemas de vigilancia, transporte estratégico, defensa aérea e infraestructura militar.

Una parte importante de las capacidades europeas continúa vinculada a la estructura de la OTAN y a sistemas, inteligencia, logística, tecnología y armamento de Estados Unidos.

Europa puede aumentar sus presupuestos y, al mismo tiempo, profundizar su dependencia exterior. La verdadera autonomía exige industria propia, investigación, cadenas de suministro, energía competitiva, mando estratégico y capacidad para adoptar decisiones independientes.

Gastar más en defensa no convierte automáticamente a Europa en una potencia autónoma cuando una parte fundamental de su seguridad continúa dependiendo de recursos tecnológicos y militares estadounidenses.

Washington ganó mercado, armamento e influencia

No es necesario recurrir a teorías sin pruebas para identificar los resultados de la reorganización europea. Los datos permiten observar beneficios comerciales y estratégicos concretos para Estados Unidos.

  • Washington se opuso durante años a Nord Stream 2.
  • Estados Unidos aplicó sanciones vinculadas al proyecto.
  • El suministro ruso por gasoductos se redujo drásticamente.
  • Estados Unidos alcanzó el 57,4 % del LNG importado por la UE en el primer trimestre de 2026.
  • Europa aumentó sus presupuestos militares y sus compras de sistemas estadounidenses.

La reorganización energética y militar produjo beneficios económicos y estratégicos claros para Estados Unidos, mientras Europa asumió mayores costos industriales, energéticos y presupuestarios.

Bruselas regula mucho, pero todavía controla poco

La Unión Europea posee uno de los mayores mercados del mundo, universidades, infraestructura, conocimiento científico, empresas industriales y una importante capacidad regulatoria. Sin embargo, continúa dependiendo de terceros en áreas esenciales.

  • Energía y materias primas importadas.
  • Plataformas digitales y servicios de nube estadounidenses.
  • Semiconductores y cadenas tecnológicas asiáticas.
  • Inteligencia, logística y capacidades militares de la OTAN.
  • Mercados exteriores para su industria exportadora.

La capacidad para aprobar reglamentos no equivale necesariamente a soberanía. Una potencia verdaderamente autónoma debe producir una parte suficiente de la energía, tecnología, materiales y capacidades de seguridad que necesita.

El dilema estratégico de Europa

La solución no consiste simplemente en regresar a una dependencia total de Rusia. Una concentración excesiva en cualquier proveedor crea vulnerabilidad. El problema es que Europa no construyó una independencia suficiente después de romper la relación anterior.

Sustituyó buena parte del gas ruso por una combinación de LNG, nuevos proveedores, mayores costos de infraestructura y exposición al mercado mundial. Simultáneamente, reforzó su dependencia tecnológica y militar respecto de Estados Unidos.

Europa redujo una dependencia concentrada, pero mantuvo un 87,6 % de dependencia exterior en gas, permitió que Estados Unidos alcanzara el 57,4 % de sus importaciones de LNG y registró una pérdida acumulada del 17,8 % en la producción alemana intensiva en energía frente a 2021.

La cuestión decisiva ya no consiste únicamente en comprar o no energía rusa. La pregunta es si Bruselas será capaz de construir una política energética, industrial, tecnológica, comercial y militar basada prioritariamente en los intereses europeos.

Si la Unión Europea continúa trasladando a sus industrias, trabajadores y consumidores los costos de una confrontación geopolítica cuyos principales beneficios comerciales se concentran fuera del continente, su pérdida de competitividad dejará de ser una crisis temporal y podrá convertirse en una transformación estructural.

Europa debe decidir si quiere actuar como una potencia con intereses propios o continuar siendo un gran mercado, económicamente avanzado, pero dependiente de decisiones estratégicas, energéticas, tecnológicas y militares adoptadas bajo la influencia de Washington.
Fuentes consultadas

Agencia Internacional de la Energía: dependencia europea del gas ruso, importaciones de 2021 y transformación del LNG en fuente básica de abastecimiento.

Agencia Internacional de la Energía — Dependencia europea del gas ruso

Eurostat: importaciones de energía, dependencia exterior de gas, participación estadounidense en el LNG y precios industriales.

Eurostat — Importaciones europeas de productos energéticos

Eurostat — Estadísticas de suministro de gas natural

Destatis: producción industrial alemana y evolución de las ramas intensivas en energía.

Destatis — Producción industrial intensiva en energía durante 2025

Instituto Ifo: pérdida de competitividad, energía, regulación y condiciones para la inversión.

Instituto Ifo — Competitividad de la industria alemana

Eurofer: costos energéticos, producción siderúrgica y pérdida de capacidad industrial europea.

Asociación Europea del Acero — EUROFER

Investigación periodística por Jorge Aurelio Riffo
La Voz de Chile
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El neoliberalismo en América Latina
CRÓNICA
Berlín, 21 de julio de 2026

El neoliberalismo en América Latina

Salud, educación y pensiones convertidas en mercados

El neoliberalismo en América Latina
La Voz de Chile
desde Berlín
Desde el corazón político de Europa para Chile, América Latina, Europa, Medio Oriente, Asia y el mundo.

Este cambio ideológico no fue neutral; implicó una reingeniería social y antropológica. Convirtió al ciudadano, titular de derechos, en un cliente o consumidor, y a la sociedad, en una mera sumatoria de individuos compitiendo en un mercado rapaz. La dignidad humana dejó de ser un imperativo ético para convertirse en un activo financiero sujeto a las leyes de la oferta y la demanda.

Los tres grandes ejes de esta transformación fueron la salud, la educación y las pensiones. No se trató solamente de un fenómeno chileno. Con diferentes ritmos y características, este modelo se extendió por numerosos países de América Latina mediante privatizaciones, reducción del gasto público, apertura al capital extranjero, debilitamiento de empresas estatales y programas de ajuste promovidos por organismos financieros internacionales.

Chile después del golpe de Estado Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, que derrocó al presidente Salvador Allende e instaló la dictadura de Augusto Pinochet, Chile fue transformado en uno de los principales laboratorios del neoliberalismo mundial.

La dictadura abrió ampliamente la economía al capital privado nacional y extranjero, redujo el papel social del Estado y entregó actividades fundamentales a la lógica empresarial. Grandes compañías extranjeras, bancos, aseguradoras, fondos de inversión y conglomerados económicos ampliaron su presencia en sectores estratégicos como la minería, las finanzas, la energía, las telecomunicaciones y los servicios sociales.

El golpe militar no fue solo político, sino el instrumento para imponer por la fuerza un modelo económico que en democracia no habría tenido viabilidad electoral. Se utilizó el terrorismo de Estado para desarticular sindicatos, universidades y organizaciones sociales, eliminando cualquier contrapoder que pudiera oponerse a la mercantilización de la vida. Chile se convirtió en la "vitrina" del neoliberalismo a costa de la sangre y el sufrimiento de su pueblo.

El modelo promovido por los llamados Chicago Boys, economistas chilenos formados bajo la influencia de la Universidad de Chicago, estableció que el mercado debía ocupar el lugar que antes correspondía al Estado. Bajo esa doctrina, la salud, la educación y la previsión dejaron de ser entendidas plenamente como derechos colectivos y fueron convertidas progresivamente en espacios de acumulación privada.

Para los Chicago Boys, la justicia social era una distorsión del mercado. Su objetivo era la "eficiencia", entendida no como el bienestar de la población, sino como la maximización de las ganancias para el sector privado, utilizando la coerción estatal para garantizar la propiedad privada de los servicios básicos.

Salud privada: las ISAPRE y una sociedad dividida En el área sanitaria se crearon las Instituciones de Salud Previsional (ISAPRE), aseguradoras privadas que reciben cotizaciones y venden planes de salud de acuerdo con el nivel de ingresos, la edad y las condiciones de cada persona. Paralelamente continuó funcionando el Fondo Nacional de Salud (FONASA), que concentra a la mayoría de quienes dependen del sistema público.

El resultado fue una salud profundamente segmentada. Quien puede pagar accede a clínicas privadas, especialistas, exámenes y cirugías con mayor rapidez. Quien no dispone de esos recursos debe enfrentar hospitales sobrecargados, falta de especialistas, escasez de medicamentos y listas de espera que pueden extenderse durante meses o años.

Se consolidó un apartheid sanitario. Las ISAPRE operan bajo la lógica de la "selección de riesgos", es decir, expulsan a los enfermos, a los ancianos y a las mujeres en edad fértil, encareciendo sus planes o negándoles la cobertura, obligándolos a migrar al sistema público ya desfinanciado. Mientras el sector privado extrae utilidades millonarias de las cotizaciones obligatorias de los trabajadores, el Estado debe hacerse cargo de los pacientes más costosos y complejos, en una transferencia encubierta de recursos públicos a privados.

Para muchas familias chilenas, enfermarse significa endeudarse. Se solicitan créditos para pagar medicamentos, tratamientos, operaciones, rehabilitación o consultas privadas. La enfermedad se convierte así en una oportunidad de negocio para aseguradoras, clínicas, bancos y grupos financieros.

La deuda sanitaria es una herramienta de sometimiento. Los bancos otorgan créditos de consumo a tasas usurarias para que las personas puedan pagar una cirugía vital. Así, el modelo no solo lucra con la enfermedad, sino que captura los ingresos futuros de los trabajadores a través del endeudamiento, convirtiendo la atención médica en un bien de lujo por el que se paga de por vida.

La expresión “si no tienes dinero, puedes morir esperando” resume una realidad vivida por numerosas familias que dependen de un sistema público debilitado mientras observan cómo la atención inmediata existe, pero está reservada para quienes pueden pagarla.

Esta realidad genera una violencia estructural cotidiana. La muerte en las listas de espera no es un error del sistema, sino su consecuencia lógica: el Estado no tiene la obligación de salvar vidas, sino de garantizar la rentabilidad del negocio de la salud privada.

Educación privatizada y jóvenes endeudados La educación fue otro de los grandes campos de transformación neoliberal. La reforma de comienzos de la década de 1980 redujo la responsabilidad directa del Estado, descentralizó el sistema escolar y facilitó una fuerte expansión de establecimientos y universidades privadas.

Se instauró el "voucher" o subvención a la demanda, que financia por igual a escuelas públicas, privadas subvencionadas (con fines de lucro) y privadas. Esto no generó "calidad", sino competencia feroz por captar estudiantes rentables, segregando a los alumnos según su nivel socioeconómico y permitiendo que sostenedores privados extrajeran ganancias de los fondos públicos.

La educación superior pasó a financiarse crecientemente mediante pagos familiares y endeudamiento. Con el tiempo aparecieron distintos mecanismos de crédito estudiantil, entre ellos préstamos respaldados por el Estado y entregados a través del sistema financiero.

Este mecanismo fue una estafa intergeneracional. Se vendió la idea de que la educación era el único camino para el ascenso social ("capital humano"), pero se ocultó que el costo del título sería una hipoteca vitalicia. Se socializó el riesgo (el Estado garantizaba los créditos) y se privatizó la ganancia (los bancos cobraban intereses millonarios por préstamos incobrables en un mercado laboral precario).

Miles de jóvenes ingresaron a universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica sin contar con recursos suficientes para pagar sus estudios. Para obtener un título debieron asumir deudas que los acompañaron durante años, incluso cuando sus salarios posteriores no alcanzaban para cubrirlas.

El endeudamiento educativo es una soga al cuello que disciplina a la fuerza de trabajo. Un joven endeudado por decenas de miles de dólares no puede permitirse huelgas, despidos o emprender caminos laborales inciertos. Debe aceptar cualquier trabajo, por precario que sea, para pagar la cuota del banco, anulando su capacidad de rebeldía política y sindical.

En este modelo, la institución educativa cobra; el banco presta y recibe intereses; el Estado respalda parte del riesgo, y el estudiante comienza su vida laboral endeudado. La banca gana mientras la juventud paga durante años el derecho a estudiar.

El modelo educativo chileno es un caso de estudio global sobre cómo pervertir el conocimiento. La universidad no es un espacio de pensamiento crítico o formación ciudadana, sino una fábrica de profesionales endeudados y sumisos, diseñada para alimentar la maquinaria financiera.

La educación, que debía representar movilidad social y desarrollo colectivo, terminó funcionando para muchas familias como un mercado altamente costoso. Quien tiene dinero estudia con tranquilidad; quien no lo tiene debe endeudarse, abandonar sus estudios o aceptar una formación condicionada por su capacidad económica.

Las Administradoras de Fondos de Pensiones El tercer eje fue la privatización del sistema previsional mediante las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Estas empresas privadas administran e invierten las cotizaciones obligatorias descontadas mensualmente a los trabajadores para financiar su jubilación.

Las AFP son el mecanismo central de acumulación capitalista en Chile. Obligan a cada trabajador a entregar una parte de su sueldo al mercado financiero. Estos fondos, gigantescos e inagotables, se utilizaron para financiar a los grandes grupos económicos locales y transnacionales, mientras las AFP cobraban comisiones millonarias incluso cuando registraban pérdidas para los cotizantes.

Durante décadas, millones de trabajadores entregaron una parte de sus salarios a las AFP. Esos enormes fondos fueron invertidos en bancos, empresas, mercados financieros y grandes proyectos económicos. Mientras el capital acumulado por los trabajadores alimentaba el sistema financiero, numerosos jubilados recibían pensiones incapaces de cubrir el alquiler, los alimentos, los medicamentos, la electricidad o la calefacción.

La promesa de la "pensión de autocomplacencia" se rompió. Se basaba en cálculos irreales de rentabilidad y en una fantasía de empleo estable y salarios altos que el propio modelo neoliberal, con su flexibilización laboral, impedía. El sistema previsional chileno es un sistema de capitalización individual que privatiza el riesgo de vejez, incapacidad y muerte, responsabilizando al individuo por las fallas estructurales del mercado.

Una persona puede trabajar cuarenta o cincuenta años y llegar a la vejez con una pensión que no alcanza para vivir dignamente. Esa es una de las contradicciones más brutales del modelo: los ahorros de los trabajadores generan ganancias para administradoras y mercados financieros, pero no garantizan seguridad económica a quienes produjeron esos recursos durante toda su vida.

El sistema de AFP está diseñado para empobrecer a los ancianos. Produce tasas de reemplazo (la relación entre la pensión y el último sueldo) cercanas al 30% o 40%, muy por debajo de los estándares internacionales. La vejez, lejos de ser un descanso, se transforma en un calvario de miseria, dependencia familiar o suicidios, donde el trabajador es descartado por el mercado tras haberle entregado su vida productiva.

El Fondo Monetario Internacional y los programas de ajuste El Fondo Monetario Internacional (FMI) desempeñó un papel decisivo en la propagación regional de políticas neoliberales, especialmente durante las crisis de deuda que afectarona América Latina.

El FMI y el Banco Mundial actuaron como los brazos ejecutores de la geopolítica económica estadounidense. Tras las crisis de deuda de los años 80 y 90, impusieron el Consenso de Washington como una camisa de fuerza, condicionando los préstamos a la implementación de las mismas reformas estructurales que habían fracasado en el laboratorio chileno.

Cuando un país pierde acceso al crédito, enfrenta dificultades para pagar su deuda externa o necesita financiamiento urgente, el FMI ofrece préstamos sujetos a condiciones económicas. Estas condiciones suelen incluir reducción del gasto público, equilibrio fiscal, privatización de empresas estatales, eliminación de subsidios, reformas laborales y previsionales, apertura comercial y facilidades para la entrada de capital privado extranjero.

Estas "condicionalidades" son un mecanismo de extorsión financiera. El FMI actúa como un recaudador de los bancos privados acreedores, obligando a los países a saquear sus propios recursos y desmantelar su Estado para asegurar el pago de una deuda ilegítima, muchas veces contraída por dictaduras o élites corruptas.

El lenguaje técnico habla de “estabilización”, “ajuste estructural” y “disciplina fiscal”. Para la población, estas medidas pueden significar algo muy distinto: menos presupuesto para hospitales, menos medicamentos, reducción de programas educativos, paralización de viviendas sociales, disminución de subsidios y deterioro de servicios esenciales.

El eufemismo técnico esconde la barbarie social. "Austeridad fiscal" significa despidos masivos de empleados públicos, cierre de escuelas rurales y recorte de pensiones. El FMI transfiere el costo de las crisis financieras, causadas por la especulación privada, a los hombros de los sectores más vulnerables de la sociedad.

Cuando el FMI exige reducir el gasto público, el recorte no cae sobre una hoja de cálculo. Cae sobre pacientes, estudiantes, trabajadores, jubilados y familias pobres.

Es una guerra de baja intensidad contra la población. El FMI no es un banco de desarrollo, sino un instrumento de recolonización económica que exige a los países latinoamericanos renunciar a su soberanía para garantizar la estabilidad del sistema financiero global, controlado por las potencias occidentales.

Se cierran programas sociales. Se congelan salarios. Se reducen inversiones públicas. Se venden empresas estatales. Se entregan servicios y recursos estratégicos al capital privado con el argumento de obtener ingresos y pagar la deuda.

La privatización de empresas estatales (agua, energía, telecomunicaciones, minería) es un despojo patrimonial. Se venden monopolios naturales a precios de remate a corporaciones transnacionales, que luego extraen rentas monopólicas de la población y envían las utilidades al exterior, descapitalizando aún más las economías nacionales.

La deuda como mecanismo de subordinación La deuda externa puede transformarse en un instrumento de control económico y político. Un gobierno altamente endeudado pierde parte de su capacidad para decidir libremente cómo utilizar su presupuesto, proteger sus recursos o financiar políticas sociales.

La deuda perpetúa la dependencia. Los países latinoamericanos se ven obligados a endeudarse continuamente para pagar los intereses de deudas anteriores, en un ciclo interminable de servidumbre financiera. Esto impide la acumulación interna de capital y la inversión en desarrollo productivo, manteniendo a la región como proveedora de materias primas y consumidora de tecnología importada.

Las prioridades nacionales quedan subordinadas al pago de acreedores, bancos y organismos internacionales. Antes de invertir en hospitales, escuelas, viviendas o pensiones, el Estado debe asegurar el cumplimiento de sus compromisos financieros.

Se invierte la lógica democrática. El presupuesto nacional no se elabora en función de las necesidades del pueblo, sino de las exigencias de los tenedores de bonos en Wall Street. El Estado se convierte en un mero notario que recauda impuestos para girarlos hacia el sistema financiero internacional.

Así, los pueblos pagan deudas que muchas veces fueron contraídas por gobiernos anteriores, dictaduras o élites políticas y empresariales. Las ganancias fueron privatizadas, pero las pérdidas y las obligaciones fueron transferidas a toda la sociedad.

Es la socialización de las pérdidas. Cuando un banco quiebra por mala gestión o especulación, el Estado lo rescata con dinero de los contribuyentes para evitar un "colapso sistémico". Sin embargo, cuando un trabajador pierde su empleo o un pequeño empresario quiebra, el neoliberalismo le dice que debe asumir las consecuencias de su "fracaso individual".

Un patrón regional Este proceso, con diferencias nacionales, se reprodujo en Chile, Argentina, Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia, México y otros países de América Latina.

El neoliberalismo en América Latina no fue un fenómeno aislado, sino una estrategia continental coordinada. Aunque con resistencias y avances según el ciclo político, la lógica central se mantuvo: la subordinación de las economías nacionales a los intereses del capital transnacional y la destrucción del Estado de Bienestar.

La fórmula se repitió:
crisis económica, endeudamiento, préstamos internacionales, programas de ajuste, recortes sociales, privatizaciones y apertura de sectores estratégicos al capital transnacional.

Esta fórmula asegura el subdesarrollo. Impide la industrialización y el desarrollo tecnológico, condenando a los países latinoamericanos a ser meras plataformas de extracción de recursos naturales con bajo valor agregado, profundizando la desigualdad y la dependencia.

Los recursos naturales quedaron en el centro de esta disputa. Chile y Perú poseen cobre; Chile, Argentina y Bolivia concentran enormes reservas de litio; Colombia y Ecuador producen petróleo; Brasil posee minerales, agua, biodiversidad, tierras agrícolas y energía; Venezuela cuenta con algunas de las mayores reservas petroleras del mundo.

Latinoamérica es el botín de la nueva guerra fría. Las grandes potencias, especialmente Estados Unidos y China, disputan el control de estos recursos estratégicos vitales para la transición energética y la seguridad alimentaria mundial. Los gobiernos neoliberales facilitan este saqueo bajo el disfraz de la "inversión extranjera".

Las grandes potencias y corporaciones no observan América Latina solamente como un mercado. La observan como una reserva mundial de minerales, energía, agua, alimentos y biodiversidad.

Es una visión neocolonial. Consideran a la región como un territorio sin habitantes, o habitado por mano de obra barata y dispensable, cuyo único propósito es proveer materias primas a bajo costo para sostener el nivel de consumo de las naciones ricas, ignorando el impacto social y ambiental.

América Latina no es pobre América Latina no es una región pobre. Es una región extraordinariamente rica cuyos pueblos han sido separados de una parte considerable de esa riqueza.

La pobreza en América Latina no es un accidente, es el resultado directo de un sistema de despojo. Existe una inmensa brecha entre la riqueza que genera la región y la calidad de vida de sus habitantes, debido a la concentración del ingreso y la fuga de capitales hacia paraísos fiscales por parte de las élites y corporaciones.

El neoliberalismo convirtió la salud en seguros y facturas. Convirtió la educación en matrículas y créditos. Convirtió la jubilación en fondos administrados por empresas. Convirtió la vivienda en deuda hipotecaria. Convirtió los recursos naturales en activos para conglomerados privados y corporaciones transnacionales.

Todo se convirtió en mercancía. El neoliberalismo mercantilizó la existencia misma. No hay espacio para lo público, lo gratuito o lo solidario. La vivienda, el agua, el aire y la tierra se valorizan, se cotizan en bolsa y se convierten en instrumentos de especulación financiera, inaccesibles para la mayoría.

Mientras una minoría concentra la riqueza, millones de familias viven endeudadas, no alcanzan a pagar el alquiler, esperan durante meses una cirugía y llegan a la vejez con pensiones miserables.

Es la obscena desigualdad del modelo chileno exportada al resto de la región. Se genera una polarización extrema entre una élite globalizada que vive en barrios cerrados con acceso a servicios de primer mundo, y una inmensa mayoría que sobrevive en la precariedad, el endeudamiento y la inseguridad social

Investigación periodística por Jorge Aurelio Riffo
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